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« : 29 de Octubre de , 02:14:10 pm » |
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Rafael MartÃnez Sierra, catedrático de FarmacologÃa de la Facultad de Medicina de Córdoba, y Jefe de Servicio de FarmacologÃa ClÃnica del Hospital Universitario Reina SofÃa. Rafael MartÃnez Sierra es premio de la Real Academia Nacional de Medicina. Nacido en Granada, estudi� en esta ciudad la carrera de Medicina, trasladándose después a Madrid para cursar Dirección, en la Escuela Oficial de CinematografÃa. Más tarde se dedicó a su carrera cientÃfica.
Antes las enfermeras eran monjas que llevaban unas alas blancas en la cabeza e iban con tanto sigilo que parec�a que m�s que andar, volaban. Ahora las enfermeras perdieron las alas y sin ellas aprendieron a deslizarse por los pasillos interminables de las noches inacabables para acudir al timbrazo del paciente al que le apret� el ahogo, que necesit� la cu�a, aqu�l al que le arreci� la angustia de la vida que se le escapa.
No duermen las enfermeras a ninguna hora ni descansan; est�n al pie de la cama para lo que se le ofrezca a cualquier paciente que las llame; para secarle las l�grimas al alba.
Nunca me ha gustado que las enfermeras digan que al hospital van a trabajar. Vosotras, m�s a�n que los m�dicos, vais no s�lo a seguir un protocolo, sino tambi�n a dar sosiego y paz para las almas.
Fui profesor de la escuela de enfermeras de San Francisco de As�s en Madrid, cuando era profesor adjunto en la Complutense. Di clases a las enfermeras de Las Palmas cuando dirig�a a la saz�n la naciente Facultad de Medicina y, al llegar a C�rdoba y ser elegido decano de Medicina, fui profesor y director de la Escuela de ATS.
Pronto observ� que el m�s grave d�ficit que ten�an las escuelas de Enfermer�a era su profesorado. Todos �ramos profesores de Medicina y, como si fueran las enfermeras replicantes de nuestros estudiantes, las atragant�bamos con los mismos temas que d�bamos a los alumnos de Medicina. Los estudios de Enfermer�a no son para formar m�dicos a medias. Y encabec� un movimiento en la Complutense -que fracas�- para hacerlos una licenciatura.
Al rector Losada le expuse que la escuela de ATS necesitaba profesorado espec�fico y que dimit�a como profesor y director, pues me negaba a seguir siendo encubridor de ese fraude. Fuimos al Ministerio y ante el director general no me fue dif�cil el discurso. Lo conseguimos. Entregu� mis trastos y se procedi� a declarar independiente de Medicina a la Escuela Universitaria de Enfermer�a (DUE). Ahora, al cabo de tantos a�os, el Plan Bolonia tom� el testigo y la enfermer�a, por fin, ser� una licenciatura universitaria (grado) de cuatro a�os.
Desgraciadamente, las funciones de todos los profesionales saltan a la opini�n p�blica cuando ocurre un accidente y como buitres sobre la carro�a se ensa�an fr�volamente con el supuesto culpable. No entiendo el alarde medi�tico que se ha dado a la muerte de Ray�n. Y menos a�n que todos se hayan apresurado a lavarse las manos respecto a la enfermera a la que el primer d�a que est� en un servicio de tan extrema dificultad la dejan sola. �Habr�a ocurrido el error si la m�s avezada hubiera estado presente?
A mi hija, con cuatro a�os, le pic� en la lengua una avispa. A toda velocidad, por aquella estrecha y sinuosa carretera de alta monta�a, bordeada por abismos, fuimos a Comares, el pueblito m�s cercano. Mi hija con el edema de glotis estaba cian�tica y no pod�a respirar. El m�dico no estaba pero s� una estudiante en pr�cticas. Mientras hurgaba en el botiqu�n le dije: �O le inyectamos o se nos muere�. �Voy a por el fonendo�, me contest�. A�n no ha vuelto. Yo salv� la vida a Patricia pero �y si yo no hubiera sido m�dico? �Habr�a sido esa ni�a -en pr�cticas- la responsable de su muerte? Las enfermeras no s�lo cumplen diariamente, y muchas veces con sobrecarga asistencial, misiones en las que cualquier error puede provocar accidentes mortales; es que adem�s en muchas ocasiones se les asignan responsabilidades que no les competen.
En los servicios de urgencia donde hacen guardias m�dicos residentes de primer a�o, es la enfermera de turno quien los saca del aprieto. No quiero criticar el sistema, hoy s�lo quiero hablar de esa enfermera que ahora es la persona m�s sola del mundo. Y es a ella a la que le quiero decir que no es culpable de lo sucedido. Ella es responsable de tantos pacientes a los que cada d�a y cada noche salva la vida por no cometer errores y a los que, moj�ndoles los labios, ayuda en la agon�a.
No olvido la complicidad necesaria que tienen con los enfermos. El alivio que ofrecen d�ndoles la mano, para que aprieten, cuando el m�dico hace una extracci�n de m�dula. Los quites que les dan a los propios m�dicos en circunstancias delicadas y tampoco olvido -lo que nadie sabe- que en much�simos casos las enfermeras son despreciadas por macarras que les infringen ominosos escarnios.
Lo que peor llevo -me dec�a Lola- es cuando nada m�s entrar en la habitaci�n ciertos pacientes empiezan a decir palabras soeces y masturbarse (y no hablo del psiqui�trico). Las enfermeras no tienen olfato, ni o�dos, ni el m�s m�nimo rictus de asco cuando las humanas miserias o falta de educaci�n se desbocan. �stas no son aquellas cursilonas 'chicas de la Cruz Roja' de Rafael J. Salvia.
La novena promoci�n de la escuela de ATS de C�rdoba me hizo un emocionado homenaje nombr�ndome padrino. Hoy yo devuelvo el gesto haciendo una declaraci�n p�blica de admiraci�n, respeto, agradecimiento y devoci�n hacia ellas y ellos, en la persona de la enfermera que aplic� el remedio necesario para que Ray�n viviera. Ofrenda justa, y no la demag�gica de fletar un avi�n para transportarlo, cuando a diario mueren tantos compatriotas suyos en el Estrecho y no se preocupa de evitarlo ni de identificarlos.
Como tierra de promisi�n para adecuar los planes de estudios a las profesiones de esta sociedad de desarrollo y superespecializaci�n, Espa�a, con toda su fanfarria, se ha acogido al Espacio Europeo de Educaci�n Superior. No hay duda de que tal instrumento ofrece posibilidades inmensas. �Pero de qu� servir�n si los que tienen el poder y la responsabilidad para llevarlo a cabo no est�n formados para integrarse en �l?
El ostentoso vicio nacional de poner primeras piedras que jam�s ver�n las ultimas ha reverdecido. �Para qu� crear, por ejemplo, el cuerpo de profesores em�ritos si luego -al menos en Medicina- no se les deja lugar para desarrollar su labor? Pues igual me temo que el Plan Bolonia se haya convertido para algunos rectores en 'el plan a la bolo�esa, mucha pol�tica y suculenta mesa'.
Y no se escondan, que, para que hechos tan dram�ticos como el de Ray�n sucedan, es tal el c�mulo de circunstancias que tienen que concurrir, que son muchas las poltronas (con la panza llena) que rodar�an si empez�ramos a tirar de la cuerda.
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